sábado, 11 de agosto de 2007

Veneno.


Eres mi veneno favorito, mi droga diaria de la que no puedo prescindir, una enfermedad adictiva. Me haces tan mal que se me confunde el cielo con el infierno, el piso con el suelo y me hallo perdida en una dimensión donde no hay nadie más que tú.
Las demás voces llegan como un leve retorno del más allá, molestosas ondas agitan nuestras calmadas aguas, pero luego se sumergen, y desaparecen, sin dejar rastro alguno por aqui.
Y si aveces viajo kilómetros y kilómetros sólo para ver aquella banca que contempló cómo comenzó, creció y se marchitó nuestra pequeña flor, no es locura, es amor. Esa banca que marcó nuestro amor, que quedó marcada con nuestro amor en el lugar más recóndito de esta ciudad. Ahora se ve tan solitaria sin ti, todo se ve tan solitario sin ti...
Sé que llegará el día en que nuestras aguas se solidificarán en un camino que me llevará a ti, y dejará de ser un mar profundo y helado, imposible de atravesar. Será un camino largo, pero lo recorrería en un instante por ti. Ese camino unirá nuestro amor y finalmente podremos tenernos el uno al otro como debe ser. Y podré saborear ese veneno todos los días, podré enfermarme de ti siempre, y nunca mejorarme.